VENEZUELA Y EL GRITO DE LA ESPERANZA

Arantza Misionera Verbum Dei española, visito Venezuela y nos comparte:

Es un contraste entre la fuerte experiencia de opresión y de abandono de un pueblo, y al mismo tiempo la fortaleza de la fe, la esperanza pertinaz de nuestras comunidades y de la FaMVD en Venezuela.                                    

La situación política de una dictadura que se implanta paso a paso, de una oposición dividida en intereses propios y de una resistencia, que mal o bien, luchó en las calles con marchas, barricadas y acciones, arriesgando su propia vida, pero que no han visto sus esperanzas acogidas ni encauzadas, todo esto hace que en este momento se viva en Venezuela una situación de decepción y de desesperanza que desactiva toda lucha o resistencia facilitando que avance el poder dictatorial. Se suma a esto la galopante inflación que día a día aumenta, con escasez de alimentos y de medicinas.  El litro de aceite cuesta 31.000 bolívares, el kg de harina para arepa -básico en Venezuela- 8.000 bolívares, el Kg de carne 18.000 bolívares, una barra de pan 7.000 bolívares. Y el sueldo base es de 200.000 bolívares, es decir, lo equivalente a 20 dólares.

En el campo de la salud, no hay medicinas, ni siquiera las básicas.  En los hospitales no hay esterilización, lo que significa que fácilmente se puede coger una infección hospitalaria y que si una persona necesita operarse tiene que encargarse de reunir todas las medicinas que necesita, sino no, no le operan. Igualmente, los enfermos psiquiátricos han sido puestos en la calle por falta de medicinas para atender sus procesos y siguen en la calle sin atención y sin medicinas.  Hablar de peligro social, hasta me sabe a literatura delante del abandono y falta de humanidad a que está sometido este pueblo en todos los ámbitos.

En medio de esta situación caótica y que afecta no solo a la salud física sino también psíquica de las personas, he visto comunidades y personas de la comunidad, que se apoyan, se entreayudan, se fortalecen en la fe y en la esperanza. Tuve la oportunidad de visitar las 4 comunidades de misioneras en Rubio, S. Cristóbal, Guanare y Caracas y también la comunidad de misioneros en Barquisimeto.

Escuché testimonios de personas que solo la fe y la presencia del Dios vivo, puede hacer que haya respeto en la diferencia de opiniones, puntos de vista, convicciones, de profesiones etc. En nuestras comunidades participan policías nacionales, chavistas convencidos, gente de la resistencia que se ha tenido que refugiar en la clandestinidad y que ha luchado y se ha enfrentado a la policía nacional en las calles, y personas que trabajan en locales y empresas del estado, que han sido amenazados de expulsión de sus trabajos por no haber votado a la Constituyente,  policías que lloran por el drama interno que viven de tener que tomar actitudes que no están de acuerdo con su fe ni con sus principios de humanidad. Escuchar afirmaciones como esta: “si mi único delito es buscar alimento para el que no lo tiene, creo que es argumento suficiente para entregar mi vida, quiero oler a Buen Pastor”.

Pedir a Dios para Venezuela y los venezolanos: “Que no abajen los brazos, que mantengan viva la esperanza que esta situación se puede superar, y que en el día a día mantengan la esperanza de la creatividad, de encontrar caminos nuevos de aunar fuerzas, para que la llama de la vida no ceda a las tácticas de la muerte, de vencer al pueblo por el miedo y la desesperanza. Me viene a la memoria aquella palabra de Pablo: “Llevamos este tesoro en vasijas de barro para que la excelencia del poder sea de Dios. Estamos atribulados en todo, pero no angustiados, en apuros, pero no desesperados, perseguidos, pero no desamparados, derribados, pero no destruidos…” 2Cor. 4, 7-12

Fue de esta manera que sentí a nuestras comunidades viviendo una situación difícil en el aspecto político y social, pero enfrentándolo como una oportunidad para la misión; “Estamos en apuros, pero no desesperados, perseguidos, pero no desamparados… y que la excelencia del poder sea de Dios”.

Comparto esta experiencia, con el deseo de que nos podamos solidarizar con la Fraternidad y la Familia VD en este lugar y continuemos pidiendo la fortaleza de la fe para todos ellos. Las comunidades me dijeron que transmitiera también su profundo agradecimiento por el apoyo y preocupación por la familia de Venezuela.

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