Ordenación Diaconal en el Vaticano

por | May 22, 2018 | noticias | 0 Comentarios

Soy Richard Vargas, me han ordenado diácono el pasado 28 de abril en la basílica de San Pedro en Roma. Este paso para mí ha significado una repuesta a Jesús en la llamada que me ha hecho al sacerdocio.

Yo no he sido una persona creyente desde joven, a la edad de 8 años decidí no seguir creyendo en el Dios que me proponía la Iglesia católica, poco a poco fui alejándome de la fe, pero siempre dejaba abierta la puerta a la posibilidad de que existiese.

La experiencia del sin sentido de la vida y el constatar el vacío de mis proyectos personales me llevaron, a los 20 años, a buscar de nuevo la fe. Tuve una experiencia de encuentro con Dios muy fuerte, gracias a un curso de primera comunión y confirmación que hice en la parroquia. Allí conocí a los misioneros que me invitaron a una convivencia y cuya predicación y vida me impactaron y provocaron este encuentro con Dios que sin saberlo buscaba.

Desde aquél momento no podía seguir entendiendo mi vida sin Dios. Una de las mía, Luc. 22, 19. Entendía que él quería que yo siguiera llevándolo a los demás a través de ese gesto sacerdotal, desde la eucaristía, ofreciéndolo a las personas.

Ahora en el diaconado para mí ha significado una unión más profunda con él, en las palabras: quien a vosotros recibe a mí me recibe Mt. 10,40. Entendía de él estas palabas: Quien te recibe a ti, me recibe a mí; quiero que continúes llevando mi vida a todos; a través de tus palabras, tu predicación y a través de los sacramentos. Quiero servirme de todo tu ser para llegar a los que están lejos, quiero que me dones tu cuerpo, así como yo lo dono cada día en la eucaristía. Y sin saber muy bien cómo, sin sentirme digno, he dicho que sí; la comunidad y la Iglesia han confirmado este sí. Para mí ha sido una confirmación muy grande también de parte de Dios, por la manera en que ha sido, en ese lugar del Vaticano, ordenado por un cardenal; porque es la parte de la Iglesia católica que menos me gusta, estar tan cerca de las jerarquías eclesiásticas y en un lugar con una historia tan controversial. Sin embargo haber dicho que sí en ese lugar y con esas personas para mí ha sido decir que sí, no solo a mi querida Familia Verbum Dei, ha sido decir que sí a la Iglesia universal, a la  Iglesia diocesana, ha sido aceptar la estructura y amarla como es en este momento.

Os pido que recéis por mí para que siga caminando por las sendas del Espíritu Santo todos los días de mi vida.

            

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